El mundo no debería tener fronteras, y por consiguiente, los países no deberían existir como tales. Y aún si existieran, las personas no deberían estar obligadas a nacer, vivir y morir en el mismo país, si en éste no encuentran las oportunidades ni la felicidad que buscan. No es justo – díganme si me equivoco – que un estadounidense viva en una “jaula” de 9.6 millones de kilómetros cuadrados, mientras que los salvadoreños estamos condenados a penar nuestra condena-vida en una cárcel 500 veces más pequeña ¿acaso el delito no fue el mismo? (nacer). Hagan el experimento, metan a 10 perros en una jaula de 500 metros cuadrados, y metan a otros 10 en otra jaula de 1 metro cuadrado. Anoten en una libreta, cuáles perros enloquecen primero, cuáles se muerden entre ellos, cuáles se embadurnan más en sus excrementos, y cuáles desarrollan enfermedades más graves, muriendo más jóvenes y más infelices.
La soberanía nacional, que para los países grandes (EEUU, Brasil, México, India, China) es su mejor tesoro, es la peor desgracia para países diminutos y pobres como El Salvador. Una nación grande puede autosubsistir aún en tiempos de crisis, por la diversidad de resursos y capital humano que la componen. Una nación grande no requiere de largas y costosas negociaciones con otras naciones para proporcionarle a sus habitantes lo mínimo necesario para vivir felices y tranquilos. Una nación minúscula es otro cuento. Una nación minúscula con 3 lagos, 1 río, unos metros de costa y unos parches de bosques, es otro cuento todavía más triste. Una nación casi inexistente como El Salvador no puede subsistir ella sola, primero porque no cuenta con los recursos naturales suficientes para alimentar a 6 millones de personas, y segundo porque esas 6 millones de personas son en su mayoría delincuentes potenciales en distintos niveles de desarrollo que buscan sobrevivir a costa de los demás. ¿Se imaginan el caos que generaría en El Salvador un bloqueo comercial como el que tiene Cuba? Haga el experimento: lance media libra de carne a los perros de la jaula de 1 metro cuadrado, y suba a YouTube un video de la masacre. Titúlelo: “Guerra Civil de El Salvador.”
A un país pequeñísimo como El Salvador le estorba su soberanía nacional, pues por culpa de ella se ve obligado a entablar costosas y largas negociaciones con otros países casi tan minúsculos como él, con el objetivo de formar una masa de países minúsculos lo suficientemente grande como para iniciar otra larga y costosa negociación con los países grandes y poderosos, a cambio de migajas. La negociación casi siempre va a así: “Los países grandes proporcionan los recursos y las patentes, mientras que los países minúsculos ponen la mano de obra casi gratis.”
Cualquier mejoría en la educación de los países grandes es bien vista por el mundo, pues casi siempre se traduce en tecnologías más avanzadas que mejoran la calidad de vida de los países ricos. Por otro lado, cualquier mejoría en la educación de los países minúsculos, como El Salvador, es vista con preocupación, pues ésta se traduce en una subida de precios de la mano de obra (lo que daña la competitividad) y finalmente en una guerra de clases, porque los pobres con mejor educación no pueden conformarse con lo poco que tienen y luchan por más. Todo esto ocurre dentro de la jaula de 1 metro cuadrado de área.
Mientras que las naciones grandes están plagadas de personas exitosas, los países pequeños son nidos de mediocridad, y no porque los habitantes de los países grandes sean de razas superiores, sino porque en los países pequeños el relativamente reducido número de habitantes y las limitadas oportunidades de medición internacional generan un nivel de competencia bajo en todos los rubros, que se traduce en estándares de éxito sumamente fáciles de alcanzar. Es por esto que a nivel nacional tenemos “grandes atletas y talentosísimos futbolistas”, “eminentes intelectuales”, “virtuosísimos músicos”, “respetadísimos y premiadísimos escritores y blogueros”, “increíbles cantantes”, pero que puestos a prueba contra los mejores de otros países destacan menos que una cagada de burro al lado de un pastel.
Como resultado, tenemos “un autoestima nacional” tan bajo que, aún después de años de “desarrollo económico y social”, todavía nos sentimos identificados (y a mucha honra) con los siguientes versos de Roque Dalton:
los arrimados, los mendigos, los marihuaneros,
los guanacos hijos de la gran puta,
los que apenitas pudieron regresar,
los que tuvieron un poco más de suerte,
los eternos indocumentados,
los hacelotodo, los vendelotodo, los comelotodo,
los primeros en sacar el cuchillo,
los tristes más tristes del mundo,
mis compatriotas,
mis hermanos.
Es por culpa de esa maldita soberanía nacional, ganada a pulso por los honorables (y por supuesto desinteresados) padres de la patria, que miles de compatriotas viven en la “eterna indocumentaneidad,” buscando en Estados Unidos la felicidad y las oportunidades que un país minúsculo como El Salvador no puede ni podrá darles. Lo mejor que el presidente Mauricio Funes puede hacer por El Salvador, es vender los 21 mil kilómetros cuadrados y toda nuestra soberanía nacional al Gigante del Norte, a cambio de la ciudadanía estadounidense para todos y todas.
¿Quién se opondría?
Lee la primera parte de LA MALDITA SOBERANÍA NACIONAL

5 COMENTARIOS
Me gusta la analogía :D
Te felicito, muy buen sitio me alegra encontrar compatriotas bloggeros,
Saludos.
Alex:
¿Por qué no mejor vendemos al país a los chinos?, ya ves su economía es pujante y en menos de 50 años ya veremos quien manda el mundo.
Me agrada el desarrollo de tu reflexión, el uso de analogías, la formulación de una tesis, pero la conclusión es desafortunada: la idea generalizada que es más fácil que otros asuman nuestras responsabilidades y no nosotros.
Ahora es el momento propicio para liberarnos de ataduras mentales (impresionante que los legisladores salvadoreños debatan si los homosexuales tienen derecho al matrimonio entre ellos, o sea ve el nivel del debate). Si el tamaño del territorio es el limitante para el desarrollo, según tu tesis, más de la mitad de Europa estaría atrasadísima. Lo que se debe hacer en El Salvador es educar a gran escala, reducir a cero el nivel de analfabetismo y que surja la sociedad civil y todas sus manifestaciones (artísticas, científicas, económicas, etc.).
Un abrazo
GO
Alex,de acuerdo en tu comentario.
Magnifico post.
Dr. Martin: es un gusto abrirte las puertas de Blogotepeque, aquí siempre serás bienvenido.
Gabriel: me parece interesante tu punto de vista, aunque tendré que correr algunos números para sustentar tu comentario (o los míos). Ojalá lleguemos un día a la utopía que tu mencionas: educación a gran escala, 0 analfabetismo, y una sociedad civil culta y pujante. Mientras eso no suceda, siempre tendremos la opción de vender nuestra soberanía a quién nos ofrezca mejores beneficios, ya sea USA, China o Cuba.
CHOPINGO: gracias por tu visita y tu comentario. En la tercera parte incluiré cifras para que sea más fácil dimensionar lo costoso que es mantener nuestra soberanía.
Un abrazo a todos.
Alex:
No creo que alfabetizar sea una utopía ¿por qué? no debe serla, si otros países lo han logrado ¿por qué no nosotros?, es una inversión a largo plazo. Lo que estás planteando es una visión a muy corto plazo y demasiado cómoda…lo de vender el país a China fue broma, pienso que el fomento de valores como la tolerancia, la democracia, el respeto por la vida, el aprender de todo, el cuestionar,etc., comienzan en la familia.
La educación es una herramienta para la vida.
Saludos
GO