Si el cambio climático es irreversible como dicen los expertos, y se cumplen los pronósticos sobre las costas, el mar se meterá dos kilómetros tierra adentro en el litoral Caribe de Nicaragua, en un proceso paulatino que durará 80 años. La noticia no tuvo mayores reacciones cuando fue publicada. A lo sumo, alguien dijo que para entonces estará muerto. Olvidó que la pérdida de costas será paulatina.
El mismo temor hay en cada país que tiene costas, sobre todo en las islas. El Gobierno de Reino Unido ya advirtió que Londres puede desaparecer.
No es una consigna de cualquier ambientalista, hablan los hechos. El nivel del mar se está elevando en un promedio que supera los tres milímetros por año, gracias al deshielo de los glaciares, un efecto del calentamiento global, acelerado por el Hombre.
La nación de Nicaragua, que ha perdido grandes extensiones de su territorio ante Honduras, Costa Rica y Colombia, por razones políticas, no quiere vivir en un país más estrecho. Pero tampoco se inmuta con la amenaza del mar.
Un diputado ya sugirió hacer tabiques. Pero Nicaragua es uno de los países más vulnerable frente a los efectos del cambio climático, según el Banco Mundial, porque su Producto Interno Bruto (PIB) per cápita no llega a los mil dólares. Es de esperarse que la idea no evite lo que hizo el huracán Katrina en New Orleans en 2005.
Lamentablemente el calentamiento global no es un fenómeno que puedan evitar los países pobres, que son, de hecho, los que menos contribuyen con su establecimiento. Pero sí pueden unirse para tratar de influir en los países ricos, para que estos contaminen menos y evitar la construcción de barreras.
El mundo ya demostró que la pobreza tiene alivio, pero prefirió dar los 700 mil millones de dólares para que los banqueros se fueran a un retiro tranquilo después de la crisis, antes que a gente capaz de hacer milagros con un sólo dólar.
De igual manera sabe que más vale dedicar un 3% del PIB mundial para enfrentar el cambio climático, antes que esperar el desastre.
Los países pobres, como Nicaragua, no deben esperar más tiempo. Deben unirse para hacerse escuchar ante los países ricos, los principales responsables del cambio climático, en vez de pelearse entre sí por un tuco de tierra, que a la postre terminarán perdiendo si se quedan de brazos cruzados.
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