Enfrentar el cambio climático con la billetera en mano supondrá 17 dólares por año para cada habitante del mundo. A cambio, respirará un aire aceptablemente limpio, tendrá un servicio meteorológico más confiable y se enfermará menos. Sin embargo, la solución no es tan sencilla como llevarse la mano al bolsillo.
Esto sólo serviría después de que el mundo invierta 4.2 billones de dólares, es decir, el 0.24 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) mundial, en energías renovables, según el informe World Energy Outlook 2008, de la Agencia Internacional de Energía (AIE), organismo ejecutor del programa energético internacional de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).
Pero hasta ahora los países no se han puesto de acuerdo en cómo invertir. Frente a una demanda de energía que crecerá en un 45 por ciento para 2030, los gastos en exploración y explotación de petróleo se han triplicado, el nueve por ciento de los yacimientos no dan para más, y aún si todas los proyectos de centrales eléctricas fueran anulados hoy, las emisiones de dióxido de carbono sólo se reducirían en un 25 por ciento para 2020, según el informe.
La urgencia de fondo es cambiar la matriz energética, ya que los derivados de hidrocarburos no sólo son los principales responsables del cambio climático, sino que además su explotación no es rentable. La AIE demuestra que los diez principales países productores de petróleo tienen ingresos de 3.5 billones de dólares al año sólo por exportar hidrocarburos, pero están entre los más pobres del mundo.
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