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En Nicaragua se estableció desde el lunes un sistema de vigilancia activo que hay que tomar en cuenta. A diferencia del trabajo tradicional, de esperar a que los enfermos lleguen a los centros de salud, la estrategia nicaragüense consiste en detectar al afectado si es posible antes de que salga de su casa.
A simple vita parece difícil. ¿Cómo es posible dar con un enfermo entre 5.7 millones de habitantes? Esto se puede en Nicaragua gracias a la capacidad de organización. La nación nicaragüense tiene muchos defectos, pero las cualidades organizativas están entre sus virtudes.
Inmediatamente después de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomendara la alerta cuatro a todos los países del planeta, Nicaragua ya estaba reuniendo al magisterio y la Federación de Estudiantes de Secundaria (FES) para capacitarlos en cómo detectar casos de influenza.
Aparte, se activaron todas las estructuras del Sistema Nacional para la Prevención, Mitigación y Atención de Desastres (Sinapred), que aglutina el trabajo de todo el aparato estatal, tanto gubenamental y municipal, como de las organizaciones no gubernamentales (ONG’s) del país, con un sólo propósito, esta vez, enfrentar la influenza porcina.
La orden nacional es que cada niño que aparezca con gripe en una escuela sea revisado de inmediato, que cada persona con influenza vista en los barrios o instituciones públicas sean advertidas, para prevenir la expansión del virus y la enfermedad.
Ésta capacidad organizativa se adquirió en la época de la revolución. Primero, los pobladores tuvieron que hacerlo para conspirar contra la tiranía de los Somoza, luego, lo hicieron para enseñar a leer, no morir de hambre, o por conflictos de guerra en los años 80. Posteriormente la gente se organizó para buscar opciones de desarrollo, o por lo menos para mitigar los efectos de los desastres que llegaron, uno tras otro.
Últimamente la organización para asuntos políticos la puso de moda el Gobierno de Daniel Ortega Saavedra. Nadie confía en sus intereses, pero al menos el estar organizados ha valido para actuar de forma más segura cuando brote una epidemia o entre una pandemia.
Para dar una idea, el Gobierno mexicano decidió ir a buscar los casos casi una semana después de que se dio el brote, y lo hizo con una caravana de vehículos, según la información oficial, lanzada a las calles. Parece haberlo hecho tarde y mal, ya que se ganó la desconfianza de sus habitantes.
Quizá la influenza porcina rompa la cadena de contensión de Nicaragua, pero al menos esta vez el páis no se tiró al sillón a esperar a que los casos aparecieran solitos, sino que decidió enfrentar al toro de frente, buscarlo, controlarlo antes de que la señale con sus cuernos.
El resto ya lo sabemos, mucho de higiene personal. De ser posible evitar tomar la hostia, no vaya a ser que alguien termine chupándole el dedo al sacerdote después éste haya comulgado a un afectado con gripe porcina.
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